Bienvenidos damas y demonios

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jueves, 3 de mayo de 2012

El cadáver sonriente

El cadáver sonriente

Buenas noches, mi nombre es..., bueno no creo que le importe. Pero debo decirle que en este breve, pero bonito escrito le diré a usted lector, que he vivido asustado durante ya varios meses. Le comparto que yo no soy de esas personas que se dejan asustar por cualquier cosa. No, señor. Soy un hombre, hecho y derecho. Más que eso, soy alguien quién inspira el miedo. Un hombre de la vida galante con la sangre fría y traicionera. Así es, una persona que tiene por pasatiempo matar personas por el simple hecho de hacerlo; sin embargo, últimamente me he olvidado de tales pasiones, debido a que no puedo controlar esta cruda sensación. Dios me protega, lector, en verdad, Dios me protega, ya que está imagen me sigue a todos lados y no deja de atormentarme. ¡Ay de mí y de mi benevolente alma! Qué si de algo ha pecado, ha sido de asesinar, porque soy un hombre ejemplo, incluso doy limosna en misa. Si es que no hay persona como yo.

Sin embargo, esta vulgar cosa, se ha pasado de la raya haciendo mi vida imposible, me persigue, amigo lector, me persigue a todos lados...Pero, no se ofusque mi amigo, permítame contarle...

Todo empezó una mañana cualquiera, me encontraba bebiendo café mientras leía el encabezado de mi diario que decía: "Un cuerpo más: el monstruo ataca". Me lleno de horror tal encabezado, ¿como era posible que alguien estuviera haciendo mi pasatiempo con tanto descaro? ¿Se imagina? Debía relajarme, sin duda. Así que dejé de todo sobre la mesa y salí a mi patio. Entonces lo ví, era lo que estaba buscando. La persona era alguien de mi agrado podía decir. Tenía un "noseque" que me era grato y vendía alguna especie de libro.

- Buenos días, señor - dijo el hombre de traje marrón con una amplia sonrisa, tan grande como la de un payaso de circo -, ¿estaría usted interesado, buen hombre, en mi libro?

- Buen día, mi amigo - respondí al saludo.

Sin decir nada más, cogí mi pala, mientras ese hombre seguía luciendo esa enorme, pero enorme, sonrisa. Blam, blam...atizé mi pala en su cabeza, sin que el hombre sospechará, solo estaba sonriendo, ahí parado, como si esperara un abrazo o algo por el estilo, y cayó al suelo.

Que repulsivo me resultaba, pero, bueno, ¿que podía hacer? Me molestaba verlo, así que hice lo que todo bueno cristiano haría, quitar las tentaciones de por medio. En fin, buen lector, la hemorragia de mi huésped era inevitable, creo que incluso podía verle parte de su materia gris; sin embargo, con el fin de no dejarlo ahí desamparado, tirado en mitad de la calle, sin nadie que lo ayudara, lo llevé hasta mi viejo cobertizo. Sí, situado en mi jardín a varios metros de mi casa, lo encerré y le dejé un vaso de agua, comida, y cuerdas, para que estuviera seguro, y no se sintiera aterrado por el interior de la estancia. Me han dicho que esos rostros y torsos colgados, no ayudan a nadie a sentirse relajado.

Le había dado las mejores comodidades a ese hombre y, aún así, no quitaba esa estúpida sonrisa, tan blanca, con esos largos dientes, perfectamente alineados. Me quede observandoló ahí arrodillado en el suelo, perdiendomé durante horas y horas, solo para averiguar algo que realmente no comprendía del todo, algo que era tan ridículamente ilógico, abstracto y sin sentido.

¡Algo!, ¡algo se había quebrado en mi interior...! Mi mente chillaba y me lastimaba. Había descubierto, mi lector, que le tenía miedo a esa inmunda sonrisa. Sí, esa confidencialidad en sí mismo, esa diversión, esa jovialidad y esa mentira detrás de ella...esa sonrisa..., esa sonrisa, la sonrisa del mismo diablo, si es que el podía tener una, una sonrisa que denotaba el miedo más profundo, el del temor a lo desconocido. Mi sentir se volvió desquiciado, era como enterarse en carne propia, ver con los ojos propios el infierno. Solo puedo describir así esta abominable sensación, una muy terrorífica.

Salí del cobertizo, perturbado, tenía que relajarme, sí, tenía que aliviar esta presión en mi pecho. Entré a la cocina me hice un sandwich de queso, agarré un buen vaso de gaseosa con hielos y me senté frente al televisor. Sí, amigo, eso es vida, ver los buenos programas de la caja idiota, esos que hablan de ancianos que son cazavampiros o alienígenas del espacio que llegan a granjas como rocas.

Durante un par de horas mi aflicción desapareció, pero lo inevitable era de esperarse, mí cuerpo exigía reposo. Fue ,entonces, que al apagar el televisor volvieron esa tortuosas imágenes de ese hombre, mi huésped, sonriendo, ¡demonios! Mi terror psicológico se veía agrabado, aún más, por el hecho de que la noche había llegado. Me apresuré, rezando al señor - tenía miedo, no me importa admitirlo, tenía mucho miedo - a mi habitación; y mientras lo hacía, podía ver en la pared como los destellos de una tormenta atravesaban las ventanas, y la imagen infernal aún en mi cabeza.

¡El horror estaba en mi casa! Corrí hacía mi dormitorio, raudo y temeroso, cerré la puerta, entonces...y solo entonces,  escuché algo moverse...

Ahí estaba, en medio de la habitación de pie, sonriendo de extremo a extremo, con los hombros
decaídos, los ojos desorbitados, parpados amoretonados y un hoyo en el lado izquierdo de su cabeza. Mirándome fijamente, como si esperara un abrazo...como si esperara un saludo...como si esperara...como si esperara...

Entonces la tormenta empezó...

Empujé la puerta con pánico, y corrí, corrí como jamás hubiera corrido. Tenía que saber la verdad, tenía que cerciorarme de que el bastardo estaba ahí, que eso solo era la jugarreta perversa de mi desenfrenada mente. Salí al jardín; tormenta, truenos y relámpagos; caí; mucho lodo, me levanté y corrí hasta el cobertizo. Mi corazón se detuvo al observar la puerta abierta...Entré lentamente, el olor a cadáver en descomposición cersenó mis sentidos y aún así, en medio del nauseabundo y desorientado ambiente, lo ví: tirado, en la misma posición, los ojos en blanco, ese hoyo en su hemisferio izquierdo, gusanos rondándole, con esa sonrisa... ¡Esa sonrisa! ¡Su sonrisa! ¡¡¡sonrisa!!!

Ahora mismo sonrió, mientras escribo; sonría; sonreír, es bueno, mi estimado lector. Siempre sonría, sonría...el cadáver sonriente siempre estará a un lado de usted, durante la noche, mirándolo fijamente, como si esperara un abrazo, como si esperara algo...como si esperara algo...
















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sábado, 28 de abril de 2012

De vampiros y atardeceres

Para Bonnie de Finn

¿Como puedo explicar las lunas que hemos pasado juntos...? No es que no te conociese, es solo que mi alma grita que ha estado junto a ti en otra vida, donde nuestra maldición no existía..., un tiempo donde podíamos bailar bajo la luz del sol en medio de los bosques y las praderas...

Mi interior lo grita con euforia, siento que te conosco desde siempre, ¿será, acaso, que me he vuelto loco? No, son esas noches en las cuales me he perdido en tu mirada, viendo tu perfil, tu silueta; mientras observas las estrellas buscando las respuestas a todo y a nada..., momentos en que solo tu sonrisa, desfigura esa frialdad y te vuelve cálida...recordando tu lado humano.

Mi dulce vampira, no hay momentos para explicar la travesía de los más de mil demonios con quiénes luché tan solo para verte una vez más. Ahora, estoy junto a ti, no importa que el sol destrocé mi cuerpo y exhume mi alma. Me mostraste que la realidad solo es una visión retorcida, ¿quién sino tú puede ser una caminante diurna?

Leyendas e historias hablan de como soportas los rayos del amanecer, cuando los nosferatu mueren en el intento. Fue así como aprendí a caminar en las puestas de sol para encontrarte. Mis cicatrices y quemaduras han valido la pena.

Aunque demonios devoraron al hombre de mi carta..., el mismo viento la hizo llegar a tus manos y esa misma ventisca me llevó a tí. Su brisa me susurraba tus palabras de afecto guiandome cada vez más a tus brazos.

Mi hermosa nosferatu, te amo, eres fuerte, inteligente y arrancas la cabeza del incurso.... Y sé que sabes tan bien como yo que juntos gobernaremos la luz del día y la noche. No temas, si caes camino a la conquista de nuestra maldición, aquí estoy yo para soportar esa luz mortífera, mientras recuperas fuerza bajo mi sombra, mientras hago piezas a quién intente lastimarte. Te amo, mi vampira nunca dejes que el sol consuma tu alma...

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